A unas pocas semanas de cumplir 33, el insomnio que vengo sufriendo hace años ya va cogiendo sentido y razón de ser.
Ahora me doy cuenta de que los pensamientos múltiples, aparentemente disparatados y con velocidad de rayo; las quejas, soluciones, verdades descubiertas como “tapaderas” y/o “tapones” que mi cerebro utiliza ya de manera independiente a mi ser para protegerme de determinados estados de ánimo; van tomando forma y uniéndose en una reflexión (más bien profunda) que una vez madurada espero que de su fruto ahora y me deje dormir en paz.
Y digo reflexión profunda existencial, no crisis, aunque a punto hemos estado mi segundo yo y yo (no es por asustar sino porque soy muy, muy géminis).
Si ordeno todo lo que, en los últimos tres años, he sentido, soñado, sufrido, disfrutado, recordado, descubierto, donado y recibido (que sin duda ha sido lo que me ha quitado el sueño), el resultado seria el que expondré, en los sucesivos meses, en este blog.
Mi única pretensión es la de liberarme del peso que me sobra y agradecer a la gente que ha estado, está y estará a mi lado su apoyo incondicional (a pesar de conocerme).

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