RELACIONES SOCIALES Y TECNOLOGÍA
La soledad en casa.
Cómo dije antes me gusta la soledad. Creo que es un estado de ánimo necesario en la persona, hasta emparejada, que la ayuda a parar, reflexionar, valorar lo que tiene y de lo que carece y establecer una reacción o solución más o menos coherente. Pero esta soledad es requerida voluntariamente por el consciente o por tu propio organismo. Y es una necesidad que ayuda a crecer espiritualmente, emocionalmente como persona. Así mismo distingo la soledad impuesta, la que castiga, la que no quieres ni te viene bien pero tienes que tragar cuando te llega de fuera. Y me refiero a la soledad que se siente aún estando rodeado de amigos, en plena jornada laboral o en un fin de semana de viaje programado hasta el último minuto. Esa soledad que te queda, después de abrirte por completo a alguien, y que te invade cuando vuelves a casa sola, sin saber hasta cuando se va a prolongar esa situación en el tiempo. Es el vacío que a menudo te hace la sociedad cuando no sigues las pautas de comportamiento dictadas ni las “últimas modas made in usa” que tienes que llevar si quieres ser del grupo de los populares y no del de los freaks. Y es el vacío que una persona individualmente, en determinadas ocasiones, es capaz de hacer a otra persona. Pues bien, hablando de personas, resulta que, las hay a las que el sentir un mínimo resquicio de soledad a su alrededor (cuanto menos que ese resquicio se introduzca en ellas), les da pavor. Pánico. Angustia. Nunca me he explicado este comportamiento, lo he visto inmaduro, atolondrado, fuera de lugar en cualquier caso, hasta que leí un artículo de unos profesores americanos de psiquiatría y ciencias del comportamiento en donde explicaban, científica y básicamente, que las personas quieren ser felices y para ello necesitan lidiar con el estrés y las experiencias difíciles de la vida (a menudo aportados en dosis diarias). Resulta que el neurotransmisor que ayuda a combatir la depresión y que produce un estado de bienestar general lo fabrica el organismo y se llama "serotonina". Este bendito neurotransmisor se emite desde el sistema central nervioso y es capaz de inhibir estados negativos como la ira, la agresión, el vómito y controla otros muchos como el apetito, el humor, el sueño, la temperatura corporal, etc. Este artículo también hacía hincapié en que las mujeres conectamos entre nosotras de manera diferente a los hombres proporcionándonos sistemas de apoyo psíquico a través del encuentro físico. Me explico: Materialmente, dedicamos tiempo para desarrollar actividades que, mira tú que casualidad, ayudan a fabricar más serotonina. Estas actividades son las que nos salen de manera natural, no nos cuestan ningún tipo de esfuerzo físico y son, en ocasiones, los verdaderos puntos fuertes que tenemos. Y no se puede hacer nadie una idea de la alegría que me supuso leer que estas actividades eran tales como "crear y mantener relaciones personales de calidad, compartir sentimientos, poner en común historias, hilar tramas, conjeturar, buscar respuestas, etc". Son cosas intrínsecas y que hacemos a menudo sin ningún tipo de esfuerzo físico. Nuestro ejercicio es mental y es tan útil para la salud cómo no fumar. Cada tertulia puede equivaler a una sesión de gimnasio orgánico, no muscular, y esto se traduce en una buena sonrisa, un par de brillantes ojos y un estado de ánimo de envidiada puesta a tono.
Dicho todo esto concluyo pensando que le daré la bienvenida a la soledad que venga de dentro hacia fuera, porque me hará crecer, y mataré a palabras, pastas de té y un ejército de amigas a la que quiera instalarse sin haber sido invitada.
Dicho todo esto concluyo pensando que le daré la bienvenida a la soledad que venga de dentro hacia fuera, porque me hará crecer, y mataré a palabras, pastas de té y un ejército de amigas a la que quiera instalarse sin haber sido invitada.
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