sábado, 3 de diciembre de 2011

CAPITULO II (3 de 5)

AMOR Y SEXO
No me moriré sin ser madre. Mi teoría del fuste del hombre en el mundo.

Desde que el primer mono que tuvo una chispa de sesera planteó el esquema de una familia, repleta de vástagos que aseguraran la existencia y resistencia de la tribu en la tierra, no me cabe en la cabeza que un tipo, de los catalogados como “homo sapiens sapiens”, pretenda pasar por esta vida siendo el único y genuino protagonista del pedazo de historia que le ha tocado vivir. Yo a eso lo llamo egoísmo, puro y duro. E ignorancia. El hecho de no querer compartir las experiencias, lo aprendido en el mundo en el que, recuerda, estamos de prestado me parece de lo más villano que pueda existir. ¿ Por qué privar a un semejante, para más INRI sangre de tu sangre, de lo que en su día te regalaron a ti tus padres?. ¿Y si resulta que ese hijo tuyo, que por supuesto habrá heredado los genes de tu mujer, llega a descubrir la cura de las células cancerígenas, la vacuna que aniquile de una vez por todas el sida o la fórmula magistral de cómo gobernar un país?.
Con este comportamiento cada vez más común de los “humanos”, no podré estar más de acuerdo con aquellas mujeres que no esperan a que el tipo que está a su lado una decena de años se decida a procrear con ellas y se desbordan de valor para ser madres solteras. O con aquellas que hartas de pasar por una serie de inmaduros personajes siguen sintiendo esa llamada en su interior.
Mujeres solas. Madres solteras. Suena triste para las que querríamos compartir en pareja pero efectivo para las que sobre todo queremos ser madres. Por elección, por vocación y por reclamo natural. La solución para esto, básicamente, consiste en el típico “desliz”, el deliberado pinchazo del condón, la adopción o la fecundación artificial. Con las dos primeras quizás tengas que dar explicaciones, la tercera puede resultar lenta y desalentadora, con la última, tú te lo guisas y tú te lo comes.
Actualmente la ley española permite que una mujer sola, pueda tener hijos mediante un tratamiento de “Reproducción Asistida”, utilizando semen de un donante anónimo guardado en un banco de esperma.
Y cuando has pasado por una colección de relaciones fracasadas resulta que lo del donante anónimo (que ahorra la pereza de conocerlo y el gasto de tiempo, energía y neuronas en deliberar si realmente quieres que sea el padre de tu criatura), suena de cine.
Dependiendo de cada caso, el equipo médico junto con la paciente determinan si la técnica más apropiada es una inseminación artificial o, si existe alguna patología que lo aconseje, una fecundación in vitro. Los pasos a seguir son muy sencillos: conciertas una primera visita a la clínica de fertilidad que escojas, donde te realizarán un estudio completo para ver cual es el tratamiento más adecuado en tu caso y, una vez decidida la técnica, el primer día del ciclo (menstruación) se comienza el tratamiento. Y chicas ¡indoloro!...aunque qué le voy yo a contar sobre el dolor físico a una mujer acostumbrada a pasarlas putas con la regla, la depilación, los tacones y los maxibolsos de moda. Chupado.
Ahora bien, este tratamiento controlado, que mínimo dura nueve meses, te puede costar lo mismo que organizar una boda, con viaje de novios y un buen aprovisionamiento de pañales y bibes incluidos. A cada mujer le saldrán sus cuentas, pero lo mejor es la posibilidad de elegir dar vida, cuidarla, amarla e instruirla para que esa vida siga dando vida y además cuide de ti cuando lo necesites.
De hecho, un sentimiento que yo echo de menos por no tenerlo al alcance diariamente es el de la ternura. Todos lo reconocemos cuando un bebé de lo que sea, humano o animal, pero siempre mamífero, claro, te mira a los ojos y te causa esa sensación de necesidad de protegerlo, abrigarlo con tus abrazos, cuidar de que todas sus prendas caigan bien para no dañar su delicada piel, de besarlo y transmitirle cuánto bien te hace tenerlo contigo. Porque sabed que yo a mis gatos los arropo en invierno, si, y evito, en la medida de lo posible, que se queden dormidos sobre las costuras de sus mantas. Dicen que el sentir ternura por algo o alguien se trata de una cualidad de la persona pero yo además reconozco que la otra parte también tiene que tener algo especial. Es decir, debe haber una predisposición a sentir cosas tales como  un amor delicado, tierno, amable, afectuoso, dulce, cariñoso, una necesidad de dedicación, protección, devoción, atención, simpatía ante el otro ser pero para eso la impresión que cause el ser en cuestión también debe ayudar (ahora recuerdo al bebé de la película “Braindead. Tu madre se ha comido a mi perro”, y cómo que en ese caso, no).
En fin, cuando quieres que alguien esté bien y haces lo posible para que lo esté se siente un amor reposado, no pasional, y es el que te inspira un niño o un ser desvalido. Esta muestra de amor se narra a través de las caricias, abrazos, besos acompañados de una usual y reconocida cara de tonto ante su inocencia, nobleza, benevolencia y te da un vuelco el corazón porque por eso mismo será víctima del engaño, la vileza, la maldad, el vicio…que lo intoxicará desde fuera. Entonces sientes ternura. Y comprensión. Y necesitas cuidar. Estás preparada para ser madre.
Te quiero mamá. Gracias.


Safe Creative #1112030661195
MyFreeCopyright.com Registered & Protected