AMOR Y SEXO
Me quiero y después quiero querer.
Tengo temporadas en las que estoy harta de deshacer sólo medio lado de la cama. Luego conozco a alguien que me hace echar de menos dormir sola. Son ciclos de la vida: cuando necesitas lo encuentras y si no es lo que buscas lo rechazas, de manera natural. Si lo necesitas pero no viene, que también es usual, es que no es el momento de que te pase nada. Por eso me he dado cuenta de que intentar retener algo a la fuerza es inútil, además de hacerte perder tiempo, energía e ilusión. Si algo es para ti estate tranquila que más tarde o más temprano llegará. No fuerces las situaciones porque, si eres tú la que tienes que dar el paso, serán las circunstancias las que te lleven a ello. Aprende, entonces, a disfrutar de ese momento de soledad y dedícalo a ti y a tus cosas. Aprende a descubrirte y a disfrutarte tal y cómo eres. Para los malpensados, me refiero a eso, si, pero también a escuchar cómo suena tu voz cuando hablas, cómo te paras para esperar que un semáforo se ponga en verde, la cara que pones cuando dudas, cuando te sorprendes, cuándo pretendes evitar una conversación, el momento crucial en el que la timidez deja de tener razón de ser y descubres que con una mirada tuya, aunque sea de un típico color marrón, puedes hacer temblar a alguien. Cuando eres consciente de tus cualidades y de tus calidades, cuando te conoces como persona, sólo queda aceptarte para ser feliz y, por extensión, hacer felices a los demás. Asume quién eres, quiérete y quiere. Respétate y hazte respetar.
Después de leer a lo largo de mi vida artículos de psicología en revistas frívolas para chicas y manuales de autoayuda me he dado cuenta de que ahora, desde el tiempo y la distancia, no son tan absurdos cómo me parecían en otra época. Si, vale, la mayoría son frases hechas que se repiten constantemente por donde quiera que vayas con el cuento de estar “depre”, pero, al igual que los refranes, la justificación de su existencia es la verdad probada por repetición exitosa de un hecho. ¿Mande? A ver, en mi caso, hasta que no he aprendido a quererme tal y como soy no he podido querer a nada ni a nadie con la calidad con la que lo hago ahora. Es cierto que desde la serenidad, la tranquilidad, la estabilidad, el respeto, la madurez, se hace todo mejor y el resultado roza la perfección. Hasta romper una relación o incluso que rompan contigo, puede ser una experiencia magistral, enriquecedora, de las que se agradece pasar en la vida. Claro está, si la otra “parte contratante” está al mismo nivel que tú en ese sentido y entiende que la separación es una forma de crecimiento y liberación para ambos. Aquí insisto (sobre todo a los lectores masculinos): con la “liberación para estar mejor después” me refiero a la decisión, primero, de abandonar una vía común para, segundo, seguir experimentando cada uno por separado, y este orden es el correcto. No vale decirle al otro “mira por tu ventanilla el paisaje que yo mientras le pido el teléfono a este bombón que se ha parado en el mismo semáforo y, si me lo da, no te aseguro que no me baje, me monte en su descapotable y tengas tú que terminar el viaje sol@. Y si vuelvo a casa (porque puede pasar) no cambies la cerradura porque esta experiencia nos hará más fuertes, ya lo verás”. NO, así no se hace. Si la ruta de la vida que pretendéis seguir no es la misma más vale que bifurquéis vuestros caminos a tiempo. Pensad que más que una putada al otro es una oportunidad que le brindáis para ser feliz. O que te brindan a ti para que lo seas. Solamente consiste en encontrar a alguien que te necesite por dentro y por fuera. Solo hay que encajar cada uno en el hueco que le queda al otro. Sin ser imprescindibles crear un vínculo de necesidad por elección voluntaria. Nada más y nada menos que eso y eso es cuestión de voluntad, tiempo y sino.
¿Bella o fea?, ¿Buena o mala? Por dentro no existen esos conceptos, cuando estás una temporada acompañada de ti misma eres tú en estado puro, sólo una forma de vida más con capacidad de elección y necesidades básicas. Si el vacío te ayuda a responder es positivo pero si te llena aún más de dudas y angustia es depresión. Una manera sana de poder tener afecto por un ser que te ha dañado es llorar, maldecir, desahogarte al comienzo de un retiro que debe finalizar con el sentimiento de paz y comprensión hacia esa persona. Esa es la evolución de un amor pasional que ya no existe hacia un afecto sincero hacia la otra persona. En ese momento es cuando alcanzas un estado de plenitud contigo misma y estás capacitada para ser y hacer feliz.
Cada uno de nosotros estamos diseñados para sortear obstáculos y el que piense lo contrario se equivoca porque somos capaces de ser autosuficientes prácticamente en todo. En el momento en el que te conoces y te aceptas pero aún así luchas por mejorar en otros ámbitos te conviertes en un guerrero de la vida. Y esa solvencia emocional conseguida con esfuerzo te imprime un carácter fuerte, seguro, que te gusta y se proyecta hacia los demás en forma de tranquilidad y fascinación. Convence. Por eso quien te encuentre sabrá que si lo eliges es porque quieres su compañía y no porque te interese no estar sola.