martes, 31 de enero de 2012

CAPITULO II (5 de 5)

AMOR Y SEXO
Definición de "TURC@" .



El origen de esta expresión se la debo a mi amiga y compañera de trabajo M.A.G.G. Ella denominaba así a la gente que, por un motivo u otro, había hecho algo de manera irregular o poco ortodoxa, siendo consciente, por supuesto, de ello. Me contó que “la turca” era un personaje de telenovela que tenía el papel de mala, vamos, que se pasó los incontables capítulos haciendo una trastada detrás de otra con el fin de que a los protagonistas les saliera todo mal para su propio beneficio. Resulta que cuándo y cómo ella lo dice suena divertido, jocoso, picaruelo y memorable, pero yo la he ido aplicando a la gente que sentimentalmente se ha ido cruzando en mi vida y el resultado de la definición es mucho más dura, menos simpática que la de mi amiga, vamos. Pero me ayuda a la hora de identificar comportamientos y a crearme mayores o menores expectativas al respecto de una nueva relación. Ahí va mi definición:
TURC@: Dícese de lo que queda de una persona y que se dedica a conquistar territorio (símil de seres humanos) para su propio beneficio con la finalidad de usar, exprimir el contenido y tirar. Cual turc@ en guerra, corta las cabezas de quienes se pongan por  medio sin pensárselo dos veces. No reconoce sus errores y no pretende cambiar de actitud. Cazadores de deseos primitivos y egoístas, son forzosamente nómadas debido a sus frustraciones y su carencia de valentía, palabra, principios y fe.
Parece duro ¿verdad?, pero no nos engañemos, cada uno es el resultado de lo que ha creado. Cada persona es la causa de uno mismo. Yo elijo superar obstáculos para crecer. Otros simplemente dejan de luchar atraídos por el egoísmo, la simpleza y lo suculento de lo inmediato.
He descubierto que el hombre hace verdaderas filigranas mentales para explicar(se) determinadas situaciones de la vida...cuanto menos yo.
Llevo tres años utilizando esta palabra y hoy, leyendo estas líneas, sé que debido al sufrimiento, el dolor, la tristeza y la rabia mezclada con las circunstancias de entonces, pensé y hablé así. Ahora este tipo de personas me dan pena y si se dejaran estaría dispuesta a ayudarles porque resulta que he llegado a la conclusión benévola de que, cuando alguien te hiere, no es porque sea un ser odioso sino porque tiene algo que valora tanto que teme perderlo por tu culpa, y esa es su manera de pelear por ello. Te hiere, te debilita y vence. Y tú te vas con el rabo entre las piernas. Es una manera más de proteger, de mear su territorio, como sus ancestros, ¡va en los genes! Ahora bien...si lo despreciable no es la persona (cómo quiero pensar) sino su conducta, siguiendo mi máxima la de que “cada uno es lo que crea”, ¿dónde quedaría este tipo de ser entonces? Por muchas vueltas que le doy no me respondo. O si: él es el creador del monstruo que te ha matado.
La opción, cuando reconozco las características o patrones que se repiten, es evitar implicarme y lo que siento es la necesidad, desde la distancia mínima obligatoria, de mostrarles otra manera de pasar por la vida mucho más gratificante para ambos, para todos.


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lunes, 9 de enero de 2012

CAPITULO II (4 de 5)

AMOR Y SEXO
Sexo sin amor. Para mí no, gracias .

    En el amor se da todo o nada. Los regateos, las medias tintas desvirtúan el concepto puro, sereno, equilibrado, respetuoso del amor. Le restan calidad y hacen que se convierta en cualquier otra cosa que no es amor (llámese al sentimiento “amistad”, “aprecio”, “admiración”, “atracción” o todo lo contrario). Pero claro, todo lo que cueste un sacrificio hoy en día se evita y se sustituye por un sucedáneo que, aunque de menos calidad, sea más barato y cumpla los requisitos mínimos, al menos, personales. Entonces, ¿dónde queda el valor de la palabra, el honor, el compromiso, la responsabilidad, el premio obtenido a base de esfuerzo, la nobleza de espíritu que nos inculcaron (por lo menos a mi generación) nuestros abuelos y padres?. No me contestéis, hoy en día, con suerte, en la carrera de literatura o historia, con especialidad en medieval. Y es una verdadera pena, un atraso personal, es algo por lo que yo pagaría para que me convencieran de nuevo.
Y el amor, ¿es cuestión física o emocional?,¿de cerebro o de corazón?.
Químicamente se ha demostrado lo nada seductor que es el proceso de enamoramiento. Numerosos estudios revelan que enamorarse provoca una sensación de euforia parecida a la vinculada al consumo de cocaína y también afecta a las áreas intelectuales del cerebro.
El proceso bioquímico se inicia en la corteza cerebral que produce un compuesto orgánico, de la familia de las anfetaminas, llamado FENILETILAMINA. El cerebro, a tope de esta sustancia, segrega DOPAMINA, neurotransmisor que se envía desde el hipotálamo a las glándulas suprarrenales que producen adrenalina y noradrenalina cuyos efectos son inmediatos y para nada exclusivos (y aquí se acaba el pensar que somos únicos cuando sentimos que de querer se nos sale el corazón del pecho). Estos efectos se traducen en síntomas urgentes, efervescentes, inmediatos en todo el cuerpo, así los músculos se dilatan, constriñen, erigen, las glándulas segregan, bombean, no hay sensación de cansancio, ni sueño…es decir, ese cuerpo, que aguantaría horas haciendo el amor, está enamorado.

   El sexo, como tal, es otra cosa. Sin ir más lejos a mi me encanta, si, pero sólo disfruto si hay complicidad. No sé si es un defecto, un trauma o tan sólo una reacción de la interacción de mi cerebro con mi órgano sexual. Ó quizás sea un sexto sentido. El caso es que si confío tengo pocos tabúes pero con la más mínima duda me cierro como una flor vergonzosa. Desde el principio de los tiempos el sexo se ha desligado sin problemas de cualquier otro tipo de sentimiento que implicara compromiso. Se ha dado, vendido y comprado sin más complicaciones. Pero yo no puedo hacer distinciones, no me sale, y si lo hago no disfruto. Y cuando una ha estado acostumbrada a disfrutar, descubrir y saciarse de sensaciones muy gratas, un “polvo” a palo seco no sabe a nada. Es cómo pasar de conducir un mercedes biplaza automático a montar en autobús (y el ejemplo del autobús viene al pelo porque no sería la única que montara en él). De acuerdo, cuando debido a la excitación se te pasa por la cabeza llevarte a la cama al primero que te diga en la calle “ojos verdes tienes” tu sentido común tiene poco, muy poco que decirle a tu lógica, pero, ¿y el después?, porque yo soy de las que se plantean, tras una vida llena de idas, venidas, probaturas y errores, hacer las cosas bien desde el principio hasta el final, de cabo a rabo. Es entonces cuando me digo: “R…¿lo estás haciendo bien?, ¿es lo que necesitas?, ¿no sabías ya lo que querías?, ¿se parece esto en algo a lo que te propusiste?”...y si la respuesta es no, me sumo en la más profunda desilusión al pensar que me he fallado, sólo por intentar aplacar un instinto que la mayoría de las veces queda en eso, si, sólo en un intento.

Amor… sexo… ¡una solución quiero!
   El “follamigo”. Ni a favor ni en contra pero si soy sincera a mi no me sale rentable emocionalmente. Sobrecarga mi conciencia. Me recuerda a la sensación de hacer pellas en clase, de saltarse una obligación para darse un gustazo. Es cómo una vía de escape que tomas para evitar un problema que la vida te pone en tu vida. Pero la verdad es que si te llega el momento de resolver o superar una situación o problema, tienes que aprender a solucionarlo por ti mismo en vez de recurrir a la opción más cómoda: “si tu no me quieres ahora verás, me acuesto con fulanit@ que siempre está disponible para mi”. ¡Y para otr@s, tont@ ! . Hay que buscar el origen del problema, poner solución y lo más importante: llevarla a cabo. Eso es lo que te hace más fuerte, lo que hace crecer, lo que te recompensa.
Por otro lado a mí nunca me ha gustado recordar a cuanta gente le he confiado todo lo que soy y todo lo que tengo para que después se quede todo en agua de borrajas. Siempre he comenzado una relación pensando que por qué no esa persona sería la última y definitiva. Creo que es la única manera de poner todas las cartas sobre la mesa y no crear falsas expectativas. Yo lo he dado todo de primeras, sin trampas ni cartón. Y esto da calidad de vida a la relación y quiero lo mismo por la otra parte. Eso me ha ayudado a observar, cada vez en menos espacio de tiempo, que si una persona es para ti, la cosa fluye por sí misma. En el momento en que tengas que hacer un sobreesfuerzo para que el engranaje marche…es que no es para ti. Olvídate del esfuerzo y del sufrimiento, te debe esperar algo que encaje contigo ahí fuera. Y aunque suene algo vulgar, qué bonito debe ser que alguien quiera que, una vez que está él, no vuelva a haber nadie entre tus piernas, ni en tu corazón, ni que ocupe tu mente. Eso indica que pretende cuidarte hasta el fin porque le importas, porque te valora, porque te quiere.
La opción más clara que veo entonces es la de aplacar los instintos con imaginación y después volver al camino trazado de lo que pretendo conseguir para mi. Y la imaginación tiene miles de formas, colores, texturas, grosores…en fin, que con un par de pilas y una mente abierta puedes llegar a sentir cosas que jamás, y repito jamás, nadie podría hacer que sintieras. Simplemente porque es imposible que un humanoide haga rotar, vibrar, contraer, expandir y estimular, a varias velocidades y potencias combinadas con cierta cadencia, lo que sea, polla y/o cerebro, para hacértelo pasar en grande. Tendría que ser algo así como una mezcla de tu vecinito el treintañero con Robocop, una Termomix y un Sudoku electrónico y encima con buen aspecto.
En fin, concluyo pensando que no hay nada más castrador que aplicar el sentido común a la pasión. Y no hay nada más cruel y cobarde que hacer que una persona enamorada de otra tome la decisión de acabar la relación porque no pueda soportar las necias condiciones del otro.
Amor, espero que vengas y aspiro a que te quedes pero ya sabes que mi puerta está abierta tanto para entrar como para salir. Y mientras te espero aprenderé y disfrutaré de las nuevas tecnologías germano-tailandesas.


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